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Bentley Bentayga Hybrid: cuando el lujo llega de forma silenciosa

Bentley Bentayga Hybrid: cuando el lujo llega de forma silenciosa

El lujo, como tantas cosas, tiene diferentes grados. Alguien puede considerar que ha alcanzado el lujo al comprarse un coche de categoría premium. Algún coleccionista multimillonario dirá que el lujo es gastarse varios millones en un Ferrari de los años 60. Pero, a día de hoy, nadie negará que tener un Bentley Bentayga Hybrid en el garaje es alcanzar la cúspide de lujo a la hora de afrontar un viaje.

El SUV británico apareció en 2016 con las formas prominentes de una escultura de Botero y las dimensiones de un coloso, que parece hacer pequeña cualquier plaza de garaje al extenderse hasta los 5,14 m de largo, 1,99 m de ancho y 1,72 m de alto.

Los cambios que estrenó el SUV británico el año pasado no son muy evidentes. Se renovó la trasera, en la que los pilotos rectangulares dejaron su espacio a otros ovalados muy similares a los que luce el Continental GT. Y este cambio exigió cambiar las formas del portón, tan ancho que se introduce sin complejos en el espacio de las aletas traseras.

82 ledes por faro

El hecho de ser más discretos no impide que los cambios frontales sean aún mayores. De hecho, todo en este flanco es nuevo: la calandra, que ahora cobra más presencia por sus mayores dimensiones; los parachoques, con nuevas tomas de ventilación; y los propios grupos ópticos. Cada uno de estos últimos cuenta con 82 ledes y al contemplarlos uno tiene la sensación de estar ante una lujosa pieza de cristalería.

La llave, pesada por sus piezas de metal cromado, desbloquea las puertas de un habitáculo al que hay que llegar preparado para valorar cada detalle. Si nos centráramos en el tacto empezaríamos señalando que nos parece magistral el confort de las butacas, que además cuentan en la primera fila con un elenco de masajes que trabaja nuestro cuerpo con bastante efectividad. Incluso a través de los zapatos, también se nota mucho el grosor y comodidad de las alfombrillas, quizá de un inoportuno color blanco en nuestro caso por la facilidad para ensuciarse y la dificultad para ser limpiadas.

Y echando la mayor por aquí y por allí agradecemos que elementos como las levas del cambio o incluso las tapas de los altavoces cromados parezcan metal y en verdad lo sean. No sucede lo mismo con el selector del cambio, cuyos adornos delatan una vez que los tocamos que en realidad son de plástico.

Tras un volante de grosor idóneo aparece un cuadro de relojes que delata el ADN del Grupo Volkswagen. En concreto, los gráficos serán familiares para los que tengan un Audi. Incluso los mandos de intermitentes y limpiaparabrisas son de Audi, aunque en Bentley han tenido la delicadeza de atenuar su aspecto negro incorporándole algunos botones cromados.

Las salidas de ventilación centrales se modificaron en el último rediseño, lo mismo que el reloj central (analógico, por supuesto) y la pantalla de infoentretenimiento, de 10,9 pulgadas, muy bien ubicada y con gráficos muy legibles.

Cuatro o cinco plazas

Para las plazas traseras se puede elegir entre dos butacas independientes o una banqueta con tres plazas, como tenía el coche que hemos probado. Viendo las dimensiones externas del coche no sorprende la sensación de amplitud que hay aquí detrás. Y también se agradece, y mucho, que la plaza central sea no tan cómoda como las laterales, pero sí mucho más confortable de lo que estamos acostumbrados a ver tanto en modelos SUV como en cualquier berlina.

Ante las piernas de este ocupante central tenemos una pantalla de 5 pulgadas desde la que se pueden ver datos del ordenador de viaje, regular la climatización en las plazas posteriores, activar la calefacción de los asientos, cerrar las cortinas del techo… Queda un poco baja, pero esto no supone ningún problema porque la propia pantalla es extraíble y la podemos sujetar en nuestras manos para manejarla, como haríamos con un teléfono móvil.

Pero quedarse en el lujo que salta a la vista sería desmerecer el apartado tecnológico cuando se habla del Bentayga Hybrid. Para empezar, todo en este se levanta sobre la plataforma MLB Evo del Grupo Volkswagen. Es decir, que cuenta con la misma ‘espina dorsal’ que otros SUV grandes, como el Audi Q7, el Lamborghini Urus, el Porsche Cayenne o el Volkswagen Touareg, lo que de paso ha hecho posible su electrificación.

Teniendo en cuenta que el lujo y el tamaño se traducen siempre en peso, al Bentley Bentayga le viene bien que la batería de iones de litio alojada bajo el plano del maletero (por ser híbrido reduce su tamaño a 480 litros) tenga 17,3 kWh de capacidad neta y no más. Más que nada porque el coche en su conjunto ya pesa 2,6 toneladas de peso, e incrementar la masa sería aumentar el trabajo que tendrá por hacer la electrónica cuando aparezcan muchas curvas.

40 kilómetros de autonomía

Con esta batería el Bentayga tiene una autonomía oficial en modo 0 Emisiones de 40 km. Puede ser incluso menos si no vamos con mucha sensibilidad en el acelerador, pero en la firma británica aseguran que es suficiente para el recorrido que de media suele hacer su conductor al día.

De esta batería se alimenta un motor con sólo 128 CV (la relación peso potencia en eléctrico es justa, aunque suficiente: 20kg/CV). Pero siempre está dispuesto a acompañarle el bloque V6 de 3,0 litros con 340 CV y 450 Nm de par, con el que ofrece, de forma conjunta, un total de 449 CV. Está claro que la cifra es claramente inferior a los 550 CV de la versión V8 y sobre todo de los 635 del Bentayga Speed. Pero si nos olvidamos de comparaciones y analizamos la sensación de empuje que otorga al pasar de 0 a 100 en 5,5 s y recuperar a cualquier régimen, es fácil olvidarnos de su enfoque híbrido y su vertiente ecológica.

En estas circunstancias, y con la batería agotada, el consumo se puede disparar hasta cifras que ronden los 18 litros/100 km. Si por el contrario conducimos con tranquilidad pero sin batería, esta cifra puede rondar los 13l/100 km. Y tendrás que tener siempre la batería bien cargada (tarda 2,5 horas en recargarse en una toma de 7,2 kW) y tirar mucho del motor eléctrico para acercarte a los 3,3 l/100 km que anuncia la marca como cifra oficial.

El cambio no es de doble embrague, sino por convertidor de par y con ocho velocidades. Algo lento, por cierto, pero con un gran agrado gracias a las mencionadas levas metálicas que encontramos tras el volante.

Estabilizadoras activas

Y entre sus ingredientes todavía no hemos mencionado uno principal, y es el de sus suspensiones neumáticas y las estabilizadoras activas. Por mucho que tengamos unas butacas extraordinarias con un gran masaje relajante y que el aislamiento sonoro del habitáculo sea magnífico, el confort se difuminaría en tramos revirados si no contáramos sobre todo con estas mencionadas estabilizadoras. Debemos aclarar que el Bentayga se sigue notando pesado y algo se inclina en apoyos con cierta fuerza, pero es mucho menos de lo que la física le obligaría a hacer.

Por cierto, sorprende ver que la electrónica no se ha enfocado del todo hacia una utilización ecológica en este Bentayga Hybrid. Los modos de conducción son Sport, Bentley (en el que arranca por defecto, y algo menos deportivo que el Sport) y Comfort, además de otro configurable. Es decir, que no hay modo Eco como tal. Y también sorprende que en cuanto al tratamiento de la batería exista un modo Eléctrico, otro Hybrid y un tercero ‘Reservar’, este último para guardar intacta la carga de la batería para más adelante, pero no uno ‘Charge’ en el que el motor de gasolina contribuya a cargar la batería de litio.

El precio del Bentayga híbrido con impuestos es de 201.000 euros en nuestro país. Pero no es esa la tarifa de esta versión First Edition, que con un acabado todavía más al gusto de sibaritas eleva su tarifa hasta casi 250.000 euros.

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